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Decía una vieja canción de los Buggles algo así como que “el vídeo mató a la estrella de la radio (oh-ah, oh-ah)”, para narrar con nostalgia las cosas que cambian con el paso de los años. La magia misteriosa de una canción flotando a través de las ondas nunca volvió a ser la misma… y más tarde el dulce carraspeo de la aguja sobre un vinilo también desapareció para dar paso al CD y a mil formatos digitales distintos. Hoy todo es más rápido, más práctico, más fácil. ¿Pero mejor?

Algo parecido ha pasado con el SEO y el a veces “asesinado” contenido en Internet. Todo empezó con el nacimiento de dichoso Search Engine Optimization (SEO), cuya pronunciación en inglés impresiona y cautiva si se hace con estilo y cara de saber mucho (más o menos como cuando digo que soy copywriter).

Corría el año 1994 cuando los buscadores o índices de páginas Hotbot o más tarde Lycos reinaban en Internet (si no te acuerdas del perrito negro con cara de bueno dominando la red es que no eres tan carroza como los que sí). Al mismo tiempo se gestaba una especie de esquizofrenia colectiva por escalar posiciones en sus resultados, por desvelar los secretos de un mejor posicionamiento, por incluso engañar de cualquier manera al sistema para ganar la carrera por ser el número uno. Perdón, el number one.

Redactor freelance en Google

El nacimiento de Google en 1998 no hizo sino acentuar la guerra. Aparecieron páginas que ni siquiera tenían un contenido real, que copiaban textos de otras, que resultaban ininteligibles  para el navegante de a pie pero que saciaban a las hambrientas “arañas” automáticas del buscador. Todavía recuerdo intentar leer párrafos interminables que contenían la cadena de palabras clave “ganar dinero en Internet” en todas las frases, una tras otra. En negrita, en mayúscula, en tamaño grande, en casi imperceptible.

El mal entendido SEO mató al contenido. Quien más y quien menos coreaba el “oh-ah, oh-ah”. Y me consta que hubo quien se forró aconsejando a emprendedores que se unieran a la fiesta. Que sí, que siempre hubo redactores y textos de calidad, pero en aquellos años muchos pasaron al ciberlimbo perdido y profundo de la red, cubriéndose de polvo por no saber (o no querer) pelear en el barro. 

A medida que Google se hacía más inteligente, el SEO cambiaba también. El buscador trataba de premiar la verdadera utilidad de las webs, algo que volvió tarumba a muchos especialistas en buscar maneras de burlar las normas. Al final, por suerte para los que nos dedicamos a escribir, cada vez los famosos y “malvados” algoritmos del buscador son menos tontos. Pero por desgracia, todavía hay quien se empeña en hacerse el listo.

Entonces… ¿qué tiene esto que ver con un redactor freelance, su trabajo, sus clientes y con lo que puede ofrecer?

Básicamente, como yo lo veo, hay dos bandos. Están los que se empeñan en meter “palabras clave” a cualquier precio en sus textos (hay verdaderos especialistas). Y están los que escriben sobre un tema sin obsesionarnos con ellas, porque confían en que el propio desarrollo no forzado de lo que cuentan las reparta de forma natural.

Yo hace años que lo tengo claro. Confieso que hubo un tiempo en el que no, pero hoy sí. Por eso, cuando un cliente me pide que meta y repita 15 palabras clave en un texto de 300 palabras (no exagero, hay clientes así) para mejorar su SEO, le digo que no puedo ayudarle.

Redactor SEO

Yo escribo historias, busco cautivar, me empeño en convencer o emocionar. Me centro, como redactor y copywriter (que sí, que suena súper cool), en el mejor objetivo posible para mi cliente: visibilizar su proyecto y su imagen de manera que consiga ganarse la confianza de su público, no sólo del buscador, y por consiguiente, consiga más clientes y más ventas. Seré un carroza, pero para mí redactar este tipo de contenido tiene más sentido.

¿Y qué opina Google? (oh-ah, oh-ah)

Me gusta pensar que cada vez más está del lado de los míos. El SEO efectivo se centra hoy en la popularidad de lo que se comparte (de manera no tramposa), en su repercusión en redes y en su valor para el usuario… no en palabras apiñadas y cosidas entre sí con hilo de esparto (con un elegante tag h1 o h2).

Pídele a tu redactor que escriba para ti sobre un tema. Si tienes un par de palabras clave que te interesan, dáselas y que cocine algo bueno con ellas. No te obsesiones con verlas veinte veces en el texto (de hecho el señor Google ha aprendido a detectar palabras en el mismo campo temático y valora la variedad en ese sentido), ni te empeñes en ser el nuevo rey de la optimización y la nueva novia de los meta buscadores. No funciona así. De verdad que no. No dejes que el SEO asesine tu contenido por mucho “oh-ah, oh-ah” con el que te lo intenten vender. El vídeo no mató de verdad a las estrellas de la radio y los algoritmos jamás matarán el buen contenido.

¿Tu especialista en optimización para buscadores ya quiere agarrarme por el cuello?

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José Luis es periodista por formación, redactor, guionista de tele, copywriter y aporreador de teclas por vicio. Ayuda e empresas y emprendedores a contar mejor sus historias, mima demasiado a sus gatos y suele invitar al café.

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