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Si hay algo a lo que no logro acostumbrarme del todo es al empeño universal de llamar a las cosas por su nombre anglosajón. Es mejor ser copywriter que redactor publicitario, y mejor hacer storytelling que narrar. Es más cool. Más trending. Más guay, como diría alguien que no está muy in, pero con el diccionario de la Real Academia en mano.

Yo soy redactor creativo, y cuento historias en cualquier formato posible, formal o literario, enfocado al marketing, a la información o la divulgación. Pero si digo que soy copywriter, por algún extraño motivo me toman más en serio en según qué círculos. Es así y me lo como con patatas, pues una cosa es blandir la espada Tizona por el castellano de toda la vida y otra muy distinta pecar de tonto.

Otro pecado igual de imperdonable es no darse cuenta de que, se llame trigo o se llame Rodrigo, el storytelling es una técnica eficaz e irrenunciable en cualquier medio y para casi cualquier fin. El marketing, los blogs y el contenido corporativo de cualquier naturaleza no son una excepción.

¿Sabes por qué?

Las historias y los cuentos están en nuestra propia naturaleza humana

Nos gustan los héroes que se enfrentan a problemas, luchan, resuelven conflictos y salvan el día. Una historia atrae y cautiva más que una fría lista de datos o una descripción exhaustiva y meticulosa de productos. Narrar, contar algo, no es lo mismo que decirlo o apuntarlo. Y sí, narrar historias también sirve para VENDER.

Confieso que no lo sé porque sea un pozo de sabiduría, ni porque lleve casi 20 años escribiendo por placer y por dinero, ni porque sea un redactor freelance especialmente dotado. Todos, tú y yo, lo hemos sabido desde siempre, desde que de niños escuchábamos los cuentos de nuestros padres antes de dormir (ni familia Telerín, ni Casimiros, ni Teletubbies ni milks). Y aun así parece que un día sí y otro también lo olvidamos a la hora de escribir o de intentar transmitir una idea.

El secreto de esta magia que activa mecanismos ancestrales de conciencia es bien sencillo. Lo vemos mil veces cada día. Todo lo que perdura en nuestra mente tiene el mismo formato: la Biblia, Ali-Babá, los mejores anuncios de Coca Cola, la más efectiva de las cartas de ventas, e incluso el eslogan “Just Do it” de la poderosa marca deportiva. Todas y cada una de estas historias tienen tres ingredientes, ni más ni menos, como casi todo en la vida.

  • Un PROTAGONISTA

Un héroe que puede ser una persona, un producto, una idea o la propia empresa, que se da a conocer por una necesidad manifiesta o una visión inspiradora. El héroe puede ser también el propio cliente en potencia de una marca, que busca superarse y destacar (Just Do it).

  • Un CONFLICTO (o un problema que resolver)

El héroe ha de enfrentarse a un problema y ser capaz de solucionarlo. Puede ser el secuestro de la familia de Liam Neeson en una película… o la necesidad de encontrar a quien “le gusten tus imperfecciones” (que plantea una conocida web de contactos).

Puede asimismo ser una mancha difícil en una blusa que necesita de un implacable detergente, el esfuerzo de una compañía por ser sostenible y hacer del mundo un lugar mejor libre de contaminación, o la curtida tecla de un redactor freelance que haga de tu web un lugar mejor.

  • Un FINAL o SOLUCIÓN

La historia al final lleva al héroe a ganar o a seguir adelante.  Evidentemente se ve venir desde el principio como en las mejores películas, y no por ello falta el aplauso. Somos así de simples como espectadores y consumidores.

Puesto de otra manera, el detergente quita la mancha, el deportista se supera a sí mismo, la web de contactos te encuentra novia o novio cañón y Liam Neeson reparte estopa a todos los malos para después rescatar hasta al apuntador.

Storytelling y redactor freelance


Ahí lo tienes, historias redondas que pueden ayudarte a contar cosas sobre tu proyecto en vez de decirlas, a secas. Por supuesto, la efectividad de cada narración no dependerá solo de una estructura predeterminada, sino de la calidad del “héroe” o producto en cuestión, de la investigación que se haga del entorno y de las buyer personas (otra palabreja fabulosa para describir al cliente objetivo) a las que se quiere impactar, y claro está, del redactor freelance encargado (autobombo).

No utilizar el storytelling como herramienta de comunicación, atracción y conversión es una temeridad imperdonable y además el término suena lo bastante bien como para apúntarselo, por mucho que me fastidie que nos invada la lengua de Albión. En fin, o como diría Shakespeare… in the end

Un truco final: las historias personales, humanas, que apelen a los sentimientos buenos o malos de cada uno, siempre son la base de una gran narración y un fabuloso storytelling.

¿Y tú? ¿Utilizas storytelling para tu proyecto, tu marca o tu blog?

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José Luis es periodista por formación, redactor, guionista de tele, copywriter y aporreador de teclas por vicio. Ayuda e empresas y emprendedores a contar mejor sus historias, mima demasiado a sus gatos y suele invitar al café.

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